Las molestias que nos roban la
alegría, la paz, la salud no son siempre evidentes o fácilmente identificadas,
pero son reales y están allí.
La
falta de perdón es una de ellas. Es una
molestia, a veces leve, a veces insoportable.
Pero no importando su tamaño posee la extraña cualidad de no revelar su
identidad.
Ciertos
síntomas pueden ser señal de diversas enfermedades. Para definir cuál es en rea-lidad la
enfermedad que se padece hay que ahondar y escudriñar, realizar exámenes,
confirmar resultados y sacar conclusiones, para luego proceder a atacar la
enfermedad en una forma adecuada y efectiva.
¿Cómo
podemos descubrir si lo que nos está afectando es la falta de perdón?
El
primer paso para resolver un problema es reconocer que lo hay. Reconocer que no estamos bien es el primer
paso para descubrir el problema. Entonces,
necesitamos estar dispuestos a: buscar y encontrar la verdad; dedicar tiempo y
fuerzas; disponernos a la honestidad y a la fidelidad.
Buscar
no siempre implica encontrar. Hay
personas que desisten en el camino. Y
encontrar no nos garantiza hacer todo lo necesario para solucionar. Por lo tanto, debemos estar determinados a
buscar hasta encontrar, y, una vez hayamos encontrado lo que buscábamos, debemos
ocuparnos en la solución del problema.
Para esto debemos seguir los siguientes pasos:
Primero: Las molestias leves que nos roban la alegría
y la paz pueden tener raíces pequeñas, fáciles de arrancar y erradicar. Otras pueden no ser tan leves ni
superficiales, y tampoco fáciles de desechar, pero lo que sí es posible es
hacerlo y lograrlo. La falta de confianza
en nosotros mismos, y la falta de fe en un Dios bueno de amor que nos creó para
que seamos felices, disfrutando de todo lo que El mismo nos ha concedido, y que
nos cuida y guía, pueden ser dos de ellas.
Y estas dos cosas son básicas para la felicidad lícita de cualquier ser
humano.
Debemos
decidir ser fuertes, creer en nosotros mismos como personas de bien, y no dejar
que nada ni nadie nos aparte de esta identidad que nos llena de alegría y paz
para afrontar todos los retos y responsabilidades de la vida con
fidelidad. Una vez estamos parados en
este punto podemos proceder a mantener
una vida llena de satisfacciones, bendiciones y felicidad lícita y
duradera.
Los retos,
las dificultades, el crecimiento, la persecución de la madurez son parte de la
vida, y las “molestias” que sentimos son indicadores de dónde nos encontramos
en cuanto a nuestra capacidad, fortaleza y madurez para enfrentar y resolver
tales dificultades.
Necesitamos
decidir que nuestra paz y
felicidad NO dependen de las circunstancias, sino de nuestra actitud
hacia ellas. Habiendo decidido vivir la
vida con fidelidad debemos habituarnos a perdonarnos a nosotros mismos por toda
falta en cualquier área. No importando
qué error cometamos, el perdón nos lleva de vuelta a nuestra determinación de
vivir una vida de bien, sin jamás desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda.
Sin este entendimiento regresaremos una y otra vez a un punto de desequilibrio
que nunca nos concederá paz ni felicidad perdurables.
La
vida es una aventura, una oportunidad, un mundo inexplorado que nos ofrece una
infinidad de posibilidades entre las cuales constantemente debemos
escoger. No existe correcto e
incorrecto, solamente sí y no. Esto, a
la larga, definirá quienes somos.
Nosotros decidimos quiénes queremos ser. Mantener nuestra integridad nos mantiene dentro
del rango de lo correcto; vivir con contradicciones, indefinición e irresponsabilidad nos mantiene dentro del
rango de lo incorrecto.
Segundo: Debido a nuestra naturaleza humana y a que
tenemos un área sentimental, el dolor y las heridas son algo que debemos
aprender a reconocer y a tratar.
Tercero: Somos personas total y absolutamente
individuales. A Juan no le duele lo que
le duele a Marta. Y a Diana le duelen
mucho cosas que a Carlos le son totalmente superficiales e indiferentes. Debemos
aprender a conocernos y valorarnos. Jamás debemos ignorar ni menospreciar
nuestra realidad individual.
Todo dolor
debe ser identificado y tratado inmediatamente.
El no hacerlo puede desen-cadenar molestias que terminen en
resentimiento, amargura, desesperación, irritabilidad, odio, mal carácter, etc.
Una
persona que ha desatendido su área sentimental puede convertirse en un egoísta
duro que ha cauterizado su conciencia y que trata a los demás con indiferencia,
mientras cuida de sí mismo a través del materialismo y la insensibilidad. Esto nos aleja del amor y de la fidelidad que
dijimos que vamos a honrar. Para caminar
en rectitud debemos reconocer a estas personas como amenazas y cuidar
celosamente nuestro propio corazón.
El amor
demanda de nosotros: honestidad, justicia, fortaleza y fidelidad.
Cada uno
debe atender el dolor según su individualidad.
Una persona fuerte puede perdonar una falta y seguir tratando al
ofensor. Una persona que no ha
desarrollado esta fortaleza o que simplemente no la tiene debe honrar su
naturaleza y alejarse del ofensor hasta estar a otro nivel de fortaleza y
capacidad de amar. Esta fortaleza se
desarrolla a través de ver y reconocer el amor que constantemente se
recibe. La conciencia acerca de mi
propio valor y agradecimiento a Dios por todas sus bondades me capacitan para
dar como he recibido y me hacen misericordioso(a) y paciente con los que me
rodean.
La vida es
un aprendizaje que no debe atemorizarnos ni herirnos, sino equiparnos. Un razonamiento correcto es totalmente
necesario para cumplir este fin.
Entonces,
debemos aprender con nuestros hijos a reconocer el dolor, a pedir perdón
sinceramente, y a vivir en el compromiso de reajustar nuestras vidas
constantemente, por el bien común que se unifica en el amor, que es perfecto y
justo para todos.
Al sentir
dolor debo analizar: ¿es este dolor
consecuencia de hipersensibilidad? , … de expectativas demasiado altas en
cuanto a aquéllos que me rodean?, … de falta de comunicación y de conocimiento
de las personas a mi alrededor?, … de una falta de parte de otras personas
hacia mí?
Según la
respuesta necesitaré tratar conmigo mismo(a), con mi mentalidad egoísta, o
bien, con los hechos y/o las circunstancias.
Si la(s) persona(s) cercana a mí me ha ofendido debo hacérselo saber, de
la mejor manera posible, sin resentimiento, sin miedo, sin tardanza, sin
mentiras.*
Debemos
aprender a comunicarnos y expresarnos con humildad y fortaleza. Debemos honrar nuestros propios sentimientos
y los de los que nos rodean. Debemos evitar a toda costa debilidad, hipocresía,
temor, menosprecio y altivez, … así como egoísmo, resentimiento e incredulidad.
Al cumplir
con lo recto debemos tomar decisiones en base a las actitudes de las personas
que nos rodean, buscando siempre nuestro mundo ideal y nuestro bienestar. El amor es un gran potencial que se va
desarrollando hasta llegar a su perfección.
El amor es perfecto en sí mismo, pero nosotros no somos amor, sino seres
humanos que desean caminar y vivir en ese amor.
Con-forme el amor va permeando nuestras vidas, va aumentando nuestra paz
y nuestra felicidad, hasta ser un modo de vida firme y perdurable.
Si no nos
ejercitamos en el perdón, éste se vuelve cada vez más difícil de lograr. El alma se acostumbra a justificarse, a
acusar, a juzgar y castigar, a vengarse; y hace un nido en el egoísmo y la
dureza, haciendo de la exaltación del yo y la anulación del amor hacia los
demás un modo de vida.
Como el
cáncer, una herida detectada a tiempo puede ser tratada con facilidad y con
poco dolor. Entre más tiempo haya
transcurrido más grande será el tumor y más difícil y más dolorosa su curación. Pero, no importando cuánto cueste ni cuánto
duela, un cáncer extirpado es un asunto concluido y perteneciente al pasado,
mientras que un cáncer no operado es muerte dentro de nuestro cuerpo, como lo
es la falta del perdón para el amor. Así pues, debemos proceder a perdonar, no
importando cuándo se haya cometido la falta contra nosotros ni qué tan grave
sea. La persona que decide perdonar pasa
de ser débil a ser fuerte, de ser negligente a ser responsable, de ser temerosa
a ser valiente, de ser egoísta a ser amorosa, de ser altiva a ser humilde, de
ser dura a ser sensible, de ser carente de entendimiento a ser inteligente, de
ser inmadura a ser madura. El perdón NO
es un sentimiento, es una decisión. Los
sentimientos están sujetos a nues-tra percepción interna y externa acerca de
nosotros mismos y acerca de la vida más allá de nosotros. Debemos ajustarlos a la ley de justicia del
amor, en donde el amor gobierna y todos salimos beneficiados.
El amor no
conoce preferencias, el amor no conoce mentiras ni ausencia de verdad. Debemos aceptar que el amor va a cuidar tanto
de nosotros como de aquéllos que nos rodean y va a demandar igualmente. Cuando se cometa una falta contra mí podré
pedir vindicación, y cuando yo cometa una falta tendré la responsabilidad de
vindicar.
Las faltas
cometidas contra mí NO justifican el que yo no perdone. Justifican mi in-capacidad o indisposición
para continuar dando amor, pero nunca la ausencia de perdón. El perdón es una cuenta balanceada en la que
nunca hay déficit. Aun estando en cero está
en equilibrio perfecto porque es una cuenta abierta en la que no hay deudor. Cada uno debe llevar su propia cuenta, y la
suya únicamente. En el perdón
desaparecen las cuentas en contra de otros.
Ellos mismos llevan su propio récord grabado en sus corazones y tendrán
que dar cuenta de sus propias acciones u omisiones al dador de la vida. “No debáis a nadie nada, sino el amaros los
unos a los otros.” Rom.13:8 La ausencia (flata) de perdón es, por lo
tanto, una factura no pagada que habla contra nosotros.
El perdón
es llevar siempre ropa limpia, sin manchas ni malos olores. La falta de perdón nos afecta y repercute en
falta de paciencia, falta de dulzura, falta de comprensión, falta de
misericordia, falta de justicia.
Todos,
como seres humanos podemos dar solamente lo que hemos recibido. Cada uno debe vivir en la conciencia de lo
que le ha sido otorgado y dar según su propia fe.
Una clave
para poder perdonar es desviar los ojos de la infracción cometida y colocarlos
en todas las cosas buenas que nos ha otorgado la vida.
No
necesitamos saber qué fue lo que motivó la falta. A veces podemos entender, ayudar, aprender,
pero otras veces basta con cerrar el ciclo y clausurar la puerta para continuar
viviendo en libertad y felicidad.
Debemos renunciar al deseo de escarbar y sumergirnos en el problema, y
concentrarnos en concluirlo y resolverlo a través del perdón. No es nuestra misión ayudar a otros en su
crecimiento, y la mayoría de veces estamos totalmente incapacitados para ello debido
a nuestro propio crecimiento inconcluso, … pero es la vida la que marca esta
pauta. El amor fluye naturalmente, sin
esfuerzo ni dolor, sólo debemos aprender a caminar con él, a canalizarlo y
dejarlo fluir a través de nosotros mientras vivimos con responsabilidad y fidelidad. La vida nos enseña con toda dulzura y
suavidad. Los golpes fuertes son una
reprensión de parte de nuestro Creador que quiere llamar nuestra atención hacia
nuestra infidelidad; o bien una manifestación de injusticia de nuestro medio
ambiente, la cual debemos enfrentar con entereza y vencer, una vez más, a
través del bendito perdón, que nos permite salir victoriosos de cualquier
adversidad.
El perdón
es salud. El perdón es bienestar. El perdón es energía. El perdón es fuerza. El perdón es la garantía para el disfrute
pleno de la libertad. Debemos caminar
honestamente, humildemente, perdonándonos a nosotros mismos en el camino hacia
la perfección del amor, y perdonando sin tardanza para no poner en riesgo
nuestra felicidad.
Perdonar
no es debilidad, sino fortaleza.
Perdonar no es secundario, sino primario. Perdonar no es lo menos importante, sino lo
principal. Perdonar no es el problema,
es la solución.
Personas
violentas, malas, celosas, pueden intentar herirnos intencionalmente. Y
es posible que lo logren también. ¡Qué
estas personas sepan que el perdón, el amor y la vida son mayores que su
insensatez y maldad! ¡Qué el subestimado
perdón mantenga nuestro camino libre de
tropiezos y lleno de posibilidades para la felicidad lícita y duradera!
“El perdón no es un
acto ocasional, es una actitud constante.”
Martin Luther King
"Lo que tú eres es revelado a través de lo que haces.
Lo que haces revela lo que realmente crees."
Seasons of the Heartdesde el cielo a la tierra.
Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe." William Shakespeare
El Perdón
Sólo puedo ver el dolor.
Transgresión sin temor;
no saben ni pueden reconocer su error.
¡Tanta maldad, tanta injusticia!
Mentira y engaño,
que hacen tanto daño.
Este dolor me roba la vida
no me deja ni dormida.
Oigo en mi ser la constante queja ...
¡Vida bendita cuando el perdón todo ello aleja!
Sólo el amor me da una razón
para escoger el bendito perdón,
y dejar en el olvido ese dolor
para volver mi alma totalmente al amor.
Mi vida libera de la angustia.
No quiero pensar.
No necesito razonar.
Mi única razón
es mi corazón,
que grita fuertemente:
¡Al odio dale la espalda!
para que pueda reinar la calma,
y el amor puedas abrazar eternamente,
y tener la felicidad siempre al frente.
Recomendaciones:
Películas:
“Amish Grace”;
“Baila Conmigo” (Chayanne);
“En busca de Santa Claus” (Whoopi Goldberg);
"En busca del perdón" ("The Grace Card")
"A propósito de Henry" (Harrison Ford)
"La intérprete" (N. Kidman) - violencia -
Lecturas: Blog: "La Lengua" y "El Dolor."
Lectura gratuita en inglés: "La verdad acerca de lastimarse a uno mismo":
Películas:
“Amish Grace”;
“Baila Conmigo” (Chayanne);
“En busca de Santa Claus” (Whoopi Goldberg);
"En busca del perdón" ("The Grace Card")
"A propósito de Henry" (Harrison Ford)
"La intérprete" (N. Kidman) - violencia -
Lecturas: Blog: "La Lengua" y "El Dolor."
Lectura gratuita en inglés: "La verdad acerca de lastimarse a uno mismo":
https://www.mentalhealth.org.uk/publications/truth-about-self-harm
Canciones:
P. Bryson: "If ever you´re in my arms again"
STYX: "Don´t let it end"
L. Richie: "Don´t wanna lose you"
S. Mendez: "Never gonna let you go"
Z. Williams: "I´m a survivor"
Canciones:
P. Bryson: "If ever you´re in my arms again"
STYX: "Don´t let it end"
L. Richie: "Don´t wanna lose you"
S. Mendez: "Never gonna let you go"
Z. Williams: "I´m a survivor"
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